domingo, 1 de abril de 2012

05 - Las Cataratas Lúgubres

LAS CATARATAS LÚGUBRES



El camino hacia las ruinas de las cataratas resulta muy entretenido. Faendal me cuenta algunas aventuras que había vivido y cómo fue derrotando a distintos monstruos para conseguir el arco que ahora portaba con orgullo. Yo, como es lógico, me intereso más por los aspectos arcanos, a lo que el elfo me comenta que había visto la academia de Hibernalia, pero que no está pasando sus mejores momentos. El saber que todavía hay magos (y que aún está en pie la academia) me llena de alegría, aunque sigo temiendo que no me acepten en la academia o que mis capacidades no sean suficientes. Resultaría bastante frustrante haber hecho el viaje hasta allí para luego quedarme en las puertas y, si eso ocurría ¿Qué iba a hacer?. Camino un rato, inmerso en mis pensamientos cuando casi sin darnos cuenta, llegamos al sendero que ascendía hasta el templo. 

Una atalaya domina el sendero de acceso al Templo
 La experiencia de Faendal ha sido determinante, puesto que rápidamente me ordena agacharme cuando nos encontramos cerca de una atalaya que domina el sencero. "Si estuviera protegiendo algo, aquí pondría una vigilancia" me dice, y cuán acertadas son sus palabras ya que, justo cuando pasamos al lado de la torre nos recibe una lluvia de flechas. El corazón me da un vuelco y comienzo a temblar mientras Faendal rápidamente pone una flecha en su arco y abate a uno de los bandidos, que estaba sobre el puente de acceso a la torre, de dos certeras flechas en el pecho.

Yo estoy paralizado, con la espalda pegada a la pared e intentando no ponerme a tiro de más arqueros. No soy capaz de canalizar mi energía, sencillamente no me responde como debería, los nervios me están jugando una mala pasada. De pronto alzo la vista y veo que Faendal está en combate singular con otro bandido que le ha flanqueado. Casi instintivamente alzo las manos y me concentro en mi magicka, intento tranquilizarme y dos rayos de llamas surgen de mis palmas impactando en el bandido (y Faendal, para que negarlo). Finalmente, a pesar de chamuscar un poco al viejo, conseguimos derrotar a los bandidos.

Ascendemos cubiertos por las rocas
Un recibimiento poco amistoso
Debo aprender a controlar mejor mi magia...
Me dejo caer sentado y sudando apoyado, aún, en la pared. Intento respirar con calma, pero no soy capaz más que de resoplar como si fuera un mulo viejo y el temblor en las manos no parece cesar. Faendal se acerca a mí y, justo después de dar un buen trago a una poción en un vial rojo, me sonríe y me tiende la mano para levantarme. "Has de calmarte, pensar con serenidad. Si no lo consigues, muy probablemente acabes como uno de ellos, intenta pensar en algo que te relaje y confía en tus capacidades y seguro que pronto conseguiras dominarlas" Se quita una pequeña escama chamuscada de su armadura y se gira para comenzar a registrar a los fallecidos.

El tiempo empeora drásticamente y ahora sufrímos una intensa nevada que nos obliga a cobijarnos en la atalaya para descansar del combate y hacer balance del botín. Desgraciadamente no encontramos la garra, con lo que seguramente tendremos que ascender más hacia el templo. El botín es más bien escaso, aún así Faendal cogió unas flechas de acero, una armadura de cuero tachonado y un casco de piel junto a algunas monedas que encontramos en una mesa. 


Una fuerte nevada nos obliga a refugiarnos en la atalaya

Faendal equipado tras explorar la torre.
La nevada no tiene pinta de terminar, así que nos embozamos en nuestras capas y comenzamos a ascender hacia el templo. Faendal conoce el camino, lo que evita que nos perdamos puesto que apenas se puede ver más allá de unos pocos pasos. Finalmente, entre el viento y la nieve, conseguimos divisar las escaleras de acceso al templo y, como el viejo elfo augura (de nuevo), encontramos más bandidos vigilando la entrada. De nuevo nos recibieron con flechas y, de nuevo, no tuvimos otra opción más que defendernos.

La entrada al templo se divisa a lo lejos

Cada peldaño es una victoria...

No muestres piedad, pues no la recibirás.
Finalmente salimos victoriosos
Son tres los bandidos que protegen la entrada al templo. Dos bajaron por las escaleras y un tercero les cubría desde la parte superior con un arco. El primero de los bandidos no llega ni a la mitad de la escalera y cae atravesado por dos flechas de Faendal... y yo todavía no he sido capaz ni de alzar las manos. El elfo se encara cuerpo a cuerpo con el otro bandido, es muy hábil y consigue poner al bandido entre el arquero y él mismo, de forma que no le permite atacarle. Yo, por mi parte, consigo tranquilizarme y lanzo de cada palma de mi mano unas llamas que, de nuevo, chamuscan un poco Faendal pero que al bandido le destroza y cae rodando por la escalera. Entonces Faendal saca de nuevo el arco y empieza un intercambio de flechas con el arquero, mientras yo me cobijo en la pared de la escalera y asciendo sin que el tirador pueda verme. Aparezco tras él, a pocos metros, y descargo toda mi furia. A mi alrededor todo es fuego y calor, y antes de que el propio arquero bandido consigue sacar una daga, cae muerto ante mis pies...

Respiro hondo, tranquilizándome mientras miro el cadaver del bandido. Mis manos siguen temblando y busco a Faendal con la mirada. Me asiente con severidad y yo vuelvo a mirar al bandido. ¿Realmente era necesaria tanta violencia? Sabía de los peligros de Skyrim, pero no me imaginé jamás que tendría que acabar con tantas vidas. Consigo, por fin, tranquilizarme justo al tiempo que aparece Faendal portando un hacha a dos manos que arrebató como botín a uno de los bandidos.

Sin más, y tras un sereno golpe en el hombro, Faendal miró hacia la puerta del templo y hacia allí nos encaminamos.

Subiendo las escaleras al templo.
He de admitir que tras estos últimos combates siento cómo soy capaz de canalizar mejor mi "magicka" y, si bien aún me queda mucho por aprender, soy capaz de centrarla mejor y potenciarla con cada segundo que la invoco. Todavía me queda por aprender a tranquilizarme, a estudiar la situación y a mantener la sangre fría cuando me encuentre en una situación de peligro. Sinceramente, no sé si seré capaz de acostumbrarme a algo así, yo sólo quiero aprender y mejorar mi magia, no convertirme en un asesino implacable.

Por lo que leí en el libro de Khanael hay varias escuelas de magia y, aunque no recuerdo cuales son, sí que me parece recordar que la escuela a la que pertenece el hechizo "llamas" es la de Destrucción.

Consigo dominar un poco mejor la escuela de Destrucción.
Ya resguardados de la nieve y en el interior del templo observamos, aterrados, el escenario de un violento combate entre lo que parecen ser unas ratas enormes y algunos bandidos. Faendal me dice que estas ratas son Skeevers y que de su cola se puede sacar un líquido utilizado para algunas pociones. Con más asco que dignidad, consigo arrancar la cola de estos roedores y verter el viscoso líquido en un vial, ya experimentaría con ello más adelante. Faendal, entonces se da cuenta de que hay voces al otro lado de la enorme sala y, tras acercarnos un poco, tenemos que abatir a otros dos bandidos que protegen un pasillo que se adentra en las profundidades.

El combate, de nuevo, es un poco caótico. Uno de los bandidos se lanza contra nosotros blandiendo un hacha que consigo esquivar por poco al tiempo que Faendal le ataca desde un costado. Mienrtas, la otra vigilante, nos ataca desde lejos con flechas que, afortunadamente, se pierden en el enorme salón del templo. Con el cobijo y protección de una columna consigo derrotarla con mi hechizo de llamas y, sí, un poco de ayuda de la excelente puntería de mi acompañante. Siento cómo este combate se me ha pasado practicamente en un parpadeo y apenas noto nervios, parece que estoy empezando a habituarme a la sensación, aunque me desagradaría perder esa sensibilidad. Tengo miedo de que mi propio poder pueda dominarme. No hay tiempo para detenerse a pensar, revisamos un cofre donde encontramos alguna antorcha y comida, ni rastro de la garra.

El templo de las Cataratas Lúgubres
Más bandidos...
Nos adentramos lentamente en el interior de las catacumbas del templo acabando con algún bandido más y una pequeña manada de ratas gigantes. Poco a poco voy dominando mejor mis hechizos y noto una fuerte sintonía con la energía hermética que recorre mi cuerpo cada vez con mayor fluidez. Eso unido a que, probablemente por la presencia y seguridad del elfo, cada vez siento menos nervios y presión en un combate, me hacen ganar algo de confianza.

En una sala encuentro otro libro, uno que habla sobre los métodos que utilizan los ladrones para descerrajar cerraduras y vaciar bolsillos, lo echo dentro de mi mochila y continuamos el avance. Entonces escuchamos una voz pidiendo ayuda, desesperado. Se trata del que, por lo visto, es el lider de los bandidos (y quién seguramente tenga la garra) así que nos acercamos hacia él que se encuentra atrapado por una especie de red... entonces, una horrible criatura sale del techo, una gigantesca araña que escupe veneno nos ataca y por poco acaba con nosotros.

No estaba preparado para algo así. Y fue Faendal quien me separó de la araña giganteca y me lanzó fuera de sus fauces, lejos de la sala y a través de una puerta que no podía atravesar. ¡¡Buen truco!! Desde la seguridad que me daba estar lejos del alcance del monstruo y estando este al otro lado de la puerta, me envalentono y descargo toda mi fuerza sobre ella al tiempo que las flechas de Faendal silban sin fallar en su objetivo. Finalmente la criatura es derrotada y conseguimos liberar al bandido. Faendal está levemente herido aunque se toma una poción y sus magulladuras curan rápido, yo me había escondido tras unos pilares con lo que permanecí lejos del alcance del monstruo mientras le carbonizaba con toda mi ira.

Las ratas gigantes no tienen opción ante mis hechizos.
Por todos los dioses...


¡¡Muere ser infernal!!

A mis pies yace esta abyecta criatura ya muerta.
El prisionero se niega a darnos la garra, le bajamos de la red e intenta huir pero un certero flechazo de Faendal le impacta cerca del pulmón izquierdo, provocando su muerte tras unos agónicos segundos en los que no dejaba de susurrar que lo había conseguido descifrar. Tras leer el diario consideramos, Faendal y yo, que seguiríamos explorando la tumba, al fin y al cabo, ¿hay algo más peligroso que una araña gigante? Pues sí, lo hay.

Capturado por la araña, el bandido poseedor de la garra.

¡¡Por fin es nuestra!!


¿Se están levantando los muertos?

Afortunadamente nos damos cuenta a tiempo y conseguimos derrotarles
El resto de la tumba es un cúmulo de combates en espacios cerrados con unas criaturas que, según me comenta Faendal, se llaman Draugr y son los guardianes de los muertos. Estos Draugr son fuertes, aunque no pueden ante el ataque combinado de mis llamas con el de las certeras flechas del elfo, y conseguimos ir derrotándoles a todos hasta llegar a una sala enorme, donde una inscripción en la pared me hipnotiza por unos instantes... Faendal asegura que no ve nada más que un montón de símbolos que no entiende, al acercarme a la pared siento como si me marease, y a punto estoy de caerme si no fuera por la rápida intervención del elfo al sujetarme.

Los Draugr protegen la tumba con celo
Pero no pueden hacer nada ante mis hechizos y el arco de Faendal

Una palabra brilla en la pared. Faendal dice que no la ha visto...

Apenas tuve tiempo de recuperarme cuando escuchamos el sonido característico de una losa desplazarse y caer al suelo. Nos giramos y vemos cómo un Dragur se levantaba de su sarcófago y se lanza contra nosotros. Faendal y yo nos separamos, cada uno en una dirección sin dejar de atacar al Draugr que, sin duda, debe ser el jefe de los que hemos abatido hasta ahora (si es que tienen un jefe, claro). Es bastante más duro, pero la táctica surte efecto y para cuando el Draugr decide a quién atacar, ya es demasiado tarde y cae inerte para no levantarse más.

Un draugr más poderoso se alza para acabar con nosotros, los intrusos.

Pero al igual que sus similares, sucumbe ante nosotros.
Encontramos la salida siguiendo un camino que asciende hasta un lateral de la montaña. El botín es bastante suculento, con varios cientos de monedas y algunos objetos que nos repartimos, aunque he de admitir que Faendal ha sido muy generoso permitiendo que me quede los objetos mágicos de más poder. Al salir ya ha anochecido y aún nos queda un buen trecho hasta Cauce Boscoso, las piernas me tiemblan de agotamiento y no puedo evitar pensar en un largo descanso en la posada.

En marcha a la posada.

Uno de los mods que he instalado es Duel - Combat Realism y, aunque a mí no me afecta porque el combate cuerpo a cuerpo apenas lo voy a utilizar, para el resto de combatientes es realmente impresionante. Lo he probado con un personaje guerrero y la experiencia de combate es completamente nueva e inmersiva.
Como habrás podido ver, el interior de la mazmorra no la he detallado, para evitar "spoilers" y reventarte la diversión. Esto será  la tónica general en el interior de las mazmorras, minas, templos, etc. siempre para evitar romper la sorpresa del juego.

3 comentarios:

  1. Buena descripción, se ve que has seguido el consejo de profundizar más en el personaje y eso se nota. Sheen está aumentando su confianza en los combates, ¿qué pasará cuando Faendal no esté?

    Seguiré por aquí

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    1. Pues el pobre le echará mucho de menos, jejejeje.

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  2. Tengo una pregunta, en qué dificultad lo juegas? Por lo que he leido, Sheen está al nivel 2 solamente, y si lo juegas en difícil un Señor Draugr es difícil de derrotar, incluso con un compalero a tu lado....

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